Comparto con uds. este escrito que me hizo llegar un amigo, espero que les guste.
"Como un torrente mi alma se deslizó por el torrente de tu boca,
salpicando en tu saliva mis sueños, llenando tu cuerpo con mi vida...
en ese instante, cuando la lengua aún relamía mi cuello, me dí cuenta...
te amaría por toda la eternidad..."
Hay días que apagaría la luna, ¡¡¡hoy es uno de ellos!!! Los callejones
ordenan con descaro los sueños rotos, las esperanzas perdidas,
las ilusiones prestadas... Estas malditas calles que me dan la vida,
me están matando... Es duro estar siempre sediento y a la vez,
que el remordimiento no frene mis ansias, no frene el deseo de
empaparme de una nueva vida.
Hoy es mi aniversario (por decirlo de algún modo), yo no debería estar
aquí, ¡¡¡no quiero estar aquí...!!! me robaron la vida y ahora no puedo
morir, aún siento sus labios carmesí apagando cada uno mis latidos...
París, octubre de 1793, esa maldita ciudad embrujada se llevó mi
alma, donde doncellas y matronas con picardía, cautivan a los
incautos, cuando sus esposos... perfumados y con tez blanquecina, se
preocupan más por ser cortesanos que por ser maridos y amantes.
Hace 11 meses que tenia viviendo en un pequeño apartamento, al sur
de la ciudad...Hoy, hace más de 2oo años, mi preceptor me invitó a la
inaguración del Muséun Francais, en las galerías del Louvre, quería
conocer Heinrich Füssli, maestro de lo sublime, del que aún retengo su
pintura en mi retina..."La pesadilla", estaba ansioso de que llegara la
noche...
Me encontraba nervioso por el evento, la inquietud y la impaciencia
alteraron mi piel, que apenas pegaba en mi cuerpo.
Gentes de cien raleas llenaban la gran sala, los músicos lanzaron
notas sublimes que como saetas acariciaban las paredes y un intenso
olor a cera flotaba en el aire... ¡¡¡creo que llegué tarde!!!, y por más
que otee en la multitud no ví a mi mentor... Todos bailaban y yo...
¡¡¡sin saber dar un paso!!!, siempre un convidado de piedra, un chico
de provincias que solo danzo con libros y cuyos labios besaban la tinta
de los manuscritos, que manchaban mis manos... Al fondo de la sala,
una dama me hizo un gesto de acercarme a ella, creo que nos
distanciaban más de cien metros y aún así... noté su aliento
en mi boca...
Me alegre de la invitación, no sin miedo... Temeroso del misterio que
la envolvía, por ese brillo de sus ojos y el quemazón que abrazó mi
corazón al tomarla de las manos. Luminoso y perdido... todo se
desvaneció a mi alrededor, sería el preludio de una velada inolvidable.
Apretaste mi mano y susurraste... "acompáñame"y mi cuerpo tiritó de
gozo... Me resultó extraño... Por mi cabeza las imágenes se sucedían
mostrando relaciones y una extraña conexión, mientras hablabas
distendidamente y pasabas tus manos por mi boca, de cómo te gustaba
como reía, de mis fuertes hombros y cómo sería el pasar una noche
conmigo.
Reunidos en el gran salón... tú perfume, el roce de tú cuerpo... nos
invitaba a bailar... El rumor de la música, la fragancia de tu piel...
Me enredaba, trenzándome a ti... Haciendo florecer mis deseos, que
tú... disponías a poner en custodia de la misma noche...
La música desapareció... Ni cuadros, ni músicos, ni gentes... Quise
apartarme de ti, pero no me soltaste... Inmovil suspiré y cerré los
ojos... tus húmedos labios besaron cada uno de mis parpados y, al
volver a mirarte... me encontré con la mirada de un animal, un
hermoso animal que amarrándome con fiereza exigía saciarse entre
lagrimas, del dulzor de la sabia mi paraíso. Tus labios fueron a mi
encuentro y me oprimiste contra ti... Floté entre las sombras, mil
paraísos perdidos se disponían a mis pies, mientras mi cuerpo
despegaba del mismo piso... Ligero como una pluma, me sentí el rey del
universo... Un chasquido me despertó al instante, mientras mi alma
decidida, salía presta hacia su boca... Perdiendo mi humanidad y,
hasta hoy... caminando entre las sombras.